Ocho sencillas cosas que vos podés hacer para ayudar a combatir el cambio climático.
La cumbre de Copenhague tendrá lugar del 7 al 18 de diciembre en la capital danesa.
En la misma se deberá poner el punto final al acuerdo internacional que vendrá a reemplazar al famoso protocolo de Kioto.
Este acuerdo es importante porque comprometerá legalmente a los países firmantes, lo que hará más difícil que puedan evadir su responsabilidad.
Por eso es importante presionar a los gobiernos para que asistan y adquieran un compromiso a la altura de las necesidades del planeta.
Lo que se busca de la cumbre es que todos los países se comprometan a reducir las emisiones de dióxido de carbono que provocan el efecto de invernadero en por lo menos un 80 por ciento con respecto a los niveles de 1990, antes del 2050.

No vamos a intentar convencerte —por el momento— de que en lugar de ver televisión te pongás a leer.
Pero talvez te interese saber que podrías estar desperdiciando energía, y por lo tanto contribuyendo al calentamiento global, incluso cuando no estás viendo la tele.
Esas lucecitas rojas o azules que indican que el televisor está conectado, listo para encenderse con sólo apretar un botón del control remoto, también son un indicador de que el aparato está consumiendo energía eléctrica.
Lo mismo aplica a las lucecitas del equipo de sonido, el reloj del DVD o del horno de microondas.
Si la idea de agacharte para desconectarlos te parece demasiado fastidiosa, podrías instalar un apagador que corte la corriente en un lugar más conveniente.
O por lo menos desconectarlos al momento de irte a dormir.

Cambiar las viejas bujías incandescentes por las famosas “bujías ahorrativas” puede ayudarte a hacer una diferencia importante.
Estas últimas consumen, en promedio, un 70 por ciento menos energía.
Eso significa un ahorro de unos 20 córdobas al mes por bujía, pero además tiene un impacto positivo desde el punto de vista ambiental.
Y el mismo principio también aplica a otros equipos domésticos.
Una refrigeradora fabricada en 1990 gasta casi el doble de electricidad si se la compara con los modelos fabricados a partir del 2001.
Y los modelos más modernos gastan todavía menos.
Aunque se trata de un gasto importante, si vas a cambiar de refrigerador asegurate de que tenga la calcomanía con una estrellita azul que dice “EnergyStar”.
Eso garantiza un ahorro de otro 15% de electricidad y le vendría a dar un pequeño respiro al planeta.
Muchos piensan que, en un país tan caluroso como Nicaragua, el aire acondicionado debería considerarse un derecho humano básico.
Pero en realidad sólo una minoría puede permitírselos y estos son, de lejos, los aparatos domésticos que más energía consumen.
Un aire acondicionado de ventana de 9,000 BTU puede consumir en un mes la energía que haría funcionar unas 140 bujías ahorrativas.
Por eso, los afortunados que poseen "un aire" deberían sentirse obligados a usarlos responsablemente.
Una forma es tomando otras medidas para reducir la temperatura ambiente, por ejemplo aislando adecuadamente techos y paredes, de forma que el calor se quede fuera de la casa y no sea necesario gastar tanta energía para climatizarla.
O sembrando árboles de rápido crecimiento para garantizar sombra.
Así, una arquitectura y una planificación urbana más ecológica, más inteligente, es cada vez más necesaria si hemos
Cuando se habla de ahorrar petróleo, y por consiguiente energía, todos piensan en vehículos de transporte.
Pero también podés colaborar con la causa reduciendo el desperdicio de productos a base de petróleo, como por ejemplo el plástico.
Efectivamente, la bolsita del súper o la pulpería —o deberíamos decir las decenas de bolsitas con las que uno regresa de cada viaje al súper o la pulpería— también contribuyen al calentamiento global.
Y su impacto negativo sobre el medio ambiente va mucho más allá.
Anualmente, decenas de miles de animales salvajes fallecen asfixiados por culpa de los desperdicios plásticos que contaminan mares, ríos y otros espacios de su hábitat natural.
Por eso, llevar la propia bolsa de tela —o alguna otra fibra natural— para cargar con la compra ya no es la marca de los ecologistas militantes, sino de los ciudadanos conscientes.
Algunas empresas locales, como la panadería Don Pan, regalan bolsas de tela a sus clientes habituales para así reducir el uso del plástico.
Mientras, la cadena de supermercados Palí no regala las bolsas plásticas, sino que las cobra aparte, un mecanismo que también podría desincentivar
su uso.
Y aunque los 50 centavos que cuesta cada bolsa sean un “lujo” que te podás permitir, no constituyen un gasto inteligente.
Un impacto significativo también se podría conseguir cambiando la forma en que manejamos:
¿Vas a todos lados solo en tu carro o te las arreglás para cargar con parte del grupo?
¿Pensás bien en la ruta antes de encender el carro o improvisás a medio camino, tal vez eligiendo por esa causa una ruta más larga de lo necesario?
¿Mantenés una velocidad constante? ¿Estás satisfecho con el estado mecánico de tu auto?
Y, por supuesto, están las preguntas más importantes de todas:
¿Ocupás el carro sólo cuando es estrictamente necesario o también en situaciones en las que bastaría un telefonazo?
¿Aprovechás el transporte público o sos de los que alquilaría un avión privado a pesar de la existencia de vuelos comerciales?
Si no tenés carro —ni avión privado—, no creás tampoco que sos completamente inocente en materia de transporte.
Vos podrás no viajar muy lejos, pero es probable que los productos que consumís sean lo más parecido a una estrella del mundo de las tarjetas de viajero frecuente.
Y al privilegiar productos importados por encima de opciones similares disponibles en el mercado local, no sólo estás mandando parte de tu dinero a otro lado del mundo, sino también estimulando una mayor contaminación ambiental y, por consiguiente, contribuyendo al calentamiento global.
Por eso, los consumidores conscientes calculan las “millas de carbono” de los productos que consumen, una forma de estimar el impacto ambiental de sus elecciones de compra.
En algunos casos optar por lo importado puede ser inevitable, pero ¿hay en realidad tanta diferencia entre los vegetales nacionales y los que vienen de Costa Rica?
Los árboles son los pulmones de la Tierra, ya que son capaces de transformar el dióxido de carbono en oxígeno. Y al hacerlo, son nuestros más importantes aliados en la lucha contra el calentamiento global.
Pero la contribución ambiental de los esfuerzos de reforestación va todavía más allá: los árboles sirven de hábitat a numerosas especies animales, ayudan a retener el agua, evitan la erosión...

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