Es un miércoles y apenas pasa de las dos de la tarde, pero ya hay gente haciendo fila para entrar a la discoteca Etcétera.
Mi amigo paga su entrada, pero yo le digo a la mujer de la puerta que tengo entrada libre, que me busque en su lista.
Ella me pide la cédula, me pone un brazalete verde y voy para adentro.
Además de entrar gratis voy a disfrutar de una barra libre.

Foto: Chelo72/Flickr.
¿Cómo? Pués en esta ocasión, gracias a Facebook. Ahí me enteré de que estaban regalando entradas para la fiesta del "Rincón Pinolero" que organiza esta disco con el apoyo de una compañía licorera. Me apunté, y listo.
Una vez adentro descubro que la barra libre es de Ron Plata. No es mi trago preferido, pero a caballo regalado...
Decido acercarme a la barra y una guapa modelo me sirve un trago. Me caliento la garganta y empiezo a buscar a quién entrevistar.
Así me encuentro con Paola Orozco, estudiante de quinto año del colegio Bautista.
Dice que ella viene porque a estas fiestas por la tarde su mamá sí la deja venir.
"La barra no me importa, solo vengo a bailar", afirma.
Y de regreso a la barra me encuentro con otra simpática joven. Pero no me quiere dar su nombre porque debería estar en clases y además anda sin el “permiso” de su novio.
Es una de las personas que más se acercan a pedir tragos a la barra libre.
Calcula que ha pedido unos seis hasta el momento. Y apenas son las cuatro y diez de la tarde.
"Pero te voy a presentar a una amiga, a la que no le importa hablar", me dice.
Esta amiga se llama Ana Fonseca y estudia comunicación social.
La gente baila y se toma fotos con las modelos de la barra.
Mis nuevas amigas me piden tomarse fotos conmigo y yo acepto gustoso. Y se me ocurre que una foto gratis, para agregar a la lista, tampoco vendría mal.
Así que me acerco al encargado de la compañía licorera que patrocina la barra libre de Etcétera, y le pregunto si me puede tomar una foto con las modelos.
Cuando les digo que trabajo para una revista, sonríen gustosas y posan conmigo ante la cámara de foto instantánea.

Yader en plena misión.
La guardo en la bolsa de mi pantalón y sigo la fiesta.
A las siete de la noche en punto termina la barra libre. Unas quince botellas vacías de ron son el resultado total.
Y yo, después de varias horas de sol, licor y humo, ni me veo, ni me siento, ni huelo tan bien que se diga.
El día me ha parecido eterno, así que me empiezo a comer mi caramelo y camino hasta la UCA.
Una vez ahí, me subo en microbús y por primera vez en el día abro mi billetera.
El pasaje de regreso a casa me cuesta 23 córdobas. No todo podía ser gratis hoy.
...
Varios días después, una solitaria niña se mece frente a mí en el columpio del parque ubicado en las cercanías a La Casa del Café de Altamira.
Leo un libro, del que me faltan pocas páginas para terminar.
Llevo media hora en este solitario lugar, explorando otras alternativas "de bajo costo" para pasar el rato.

Foto: Anne Varak/Flickr/CC.
Luego me dirijo al café, donde también me instalo a leer después de pedir solamente un vaso con agua.
Un par de minutos después el mesero vuelve a preguntarme si deseo ordenar algo. Le digo que no.
Susurra con una compañera de trabajo en una esquina del local. Sus miradas me acosan. Así que pido un café para llevar y salgo a prisa del lugar riéndome.
Parece que no se puede leer gratis en cualquier lugar...
Más tarde, en la Biblioteca del Banco Central pido prestado un libro de fotografías y me anoto en una lista para tener acceso gratuito a Internet.
Casi una hora después, una señora bajita con voz chillona anuncia mi nombre.
Me acerco y disfruto de mis dos horas gratis de conexión con el ciberespacio. Reviso mi correo y leo diarios en línea.
Cuando termino llamo por teléfono a mi mejor amigo y lo invito a “dar un vueltín” por ahí.
"Eso sí, no tengo mucho dinero", le advierto. Pero él acepta mi “invitación”.
Nos encontramos en Metrcoentro. Vemos que hoy habrá un desfile de modas. Nos quedamos viendo y decidimos darle un chance.
Comienza a sonar una canción de Black Eyed Peas y las modelos empiezan a desfilar.
Constato entonces que "refrescarse la vista" tampoco cuesta dinero y, con eso, decido dar por concluida la investigación.
He de confesar que me he divertido intentando vivir de gratis, pero también sé que mucha gente tiene que sobrevivir día a día sin tener nada en los bolsillos.
Por lo pronto, necesito comprarme un helado. Un antojo, pero me lo merezco.
Acepto invitaciones.
Según Josué Herrera, sin dinero no hay fiesta. “Por eso, cuando no tengo billetes no salgo a bacanalear”.
Dice que la única vez que se coló a una fiesta fue en unos quince años de una amiga de un primo. “Pero eso fue cuando tenía 16 años”, dice sonrojándose.
“Es que eso de andar de coyote (vividor) no se me da”, dice con carcajadas. Aunque “conozco a más de uno”, agrega.
En cambio, para César Palacios, hay muchas opciones de diversión gratuita que se pueden aprovechar.
Él, por ejemplo, asiste a las presentaciones de cine gratis de la Alianza Francesa que tienen lugar todos los jueves.
“Y siempre estoy leyendo y donde veo cosas gratis e interesantes me voy a dar mi vuelta”, dice sonriente.
¿Y qué tan frecuentes y variadas son este tipo de actividades? Probablemente más de lo que pensás.
En el caso de las discos, los nuevos establecimientos (como Etcétera) a menudo regalan entradas para promover su local.
Los malls constantemente organizan presentaciones musicales y artísticas sin costo alguno, para atraer posibles nuevos compradores.
Librerías como Literatos hacen presentaciones de libros con cierta frecuencia.
Y el menú cultural de la Alianza Francesa incluye mucho más que películas.
Además, no sólo en la Alianza hay cine gratuito: en la Casa de los Tres Mundos, en Granada, presentan películas latinoamericanas todos los martes; y a partir de agosto, todos los sábados en la Sala Dariana del Palacio Nacional de la Cultura habrá proyecciones de cine gratis (grandes clásicos y cine nacional) organizadas por la Cinemateca.
La Iniciativa Cultural Alemana Nicaragüense, el Instituto de Cultura Hispánica, la biblioteca del Banco Central y las universidades también organizan muchas actividades interesantes. Todo es cuestión de buscar.
También deberías explorar formas menos tradicionales para divertirte. Carlos Mora, por ejemplo, tiene doce años. Según él, para divertirse sólo necesita una pelota y sus amigos. “Yo ando jugando con mis amigos y cuando no tenemos para comprar cosas, agarramos las bicicletas y nos vamos a dar vueltas”, cuenta.
Y a veces no es necesario ni siquiera salir. Por ejemplo, podrías invitar a tus amigos a reunirse para disfrutar de algún juego de mesa, o para ver una película de esas que recomendamos en este semanario.
Y, por supuesto, también podés divertirte solo. Para eso están los libros, por ejemplo. Y La Brújula Semanal.
Vivir de gratis 1: Viajar
Vivir de gratis 2: Comer
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