La semana pasada todos pudieron constatar que el correo que afirmaba que el planeta Marte se vería del tamaño de la Luna a la media noche del 27 de agosto era una mentira. Como tantas otras que circulan por la Red. Pero, en algunos casos creerles te puede costar más que unas cuantas horas se sueño. Las estafas están a la orden del día. Y no solo por Internet.
Era una oportunidad única que, de haber sido cierta, le hubiera permitido muchas cosas: pagar algunas deudas, comprar casa y solucionar económicamente su vida y la de sus tres hijos.
Por lo menos eso fue lo primero que se le vino a la mente a Rosaura Torres, de treinta años, un lunes que revisó su correo electrónico y leyó un mensaje en el que se le informaba que su suerte había llegado, que ya no tendría que volver a preocuparse por nada.
Y Torres, una esteliana que sólo terminó la secundaria y no comenzó en la universidad porque el embarazo de su primer hijo se lo impidió, comenzó a hacer cuentas. A soñar despierta. Ya no se preocuparía por la raquítica pensión que le daba para sus hijos su ex marido. Eso sería una minucia.
Gracias a la propuesta compraría una casa y un carro para llevar a los niños al colegio; pondría un negocio. Un familiar le recomendó que abriera cuentas de ahorro a plazos y que viviera de los intereses y, sobre todo, lo más importante, que guardara para la educación de sus vástagos.
Lo único que Torres tenía que hacer, según la explicación del e-mail, era recibir en su cuenta bancaria nada más y nada menos 25 millones de dólares que la heredera de un corrupto político nigeriano no podía sacar del país porque los enemigos de su padre, que ahora estaban en el poder, se lo impedían.

En el e-mail, la heredera le explicaba que su padre no había sido transparente y que bajo su mandato se habían cometido violaciones a derechos humanos, y que esa era una de las razones por las que ella no podía sacar el dinero, que ahora consideraba suyo.
Los millones estaban en efectivo (imagínense) y la heredera sólo tenía que depositar bajo un nombre falso en la cuenta correspondiente. A cambio recibiría una comisión.
Torres dio saltos de alegría cuando leyó la explicación. Ella, que había esperado tanto tiempo por un golpe de suerte, por fin tenía su oportunidad.
La joven madre corrió, les contó a sus familiares y comenzó a informarse sobre los requisitos para abrir una cuenta bancaria. Después vendría la busca del dinero —aunque fuese mínimo— para hacer el primer depósito. Los 2.5 millones de dólares, correspondientes al 10 por ciento del dinero que recibiría en su cuenta, valían cualquier inversión.
La heredera le informó a Torres que sólo tenía que darle el número de sus tarjetas y cubrir ella los gastos bancarios de la transferencia, que serían "mínimos": 2 mil 500 dólares que, sin embargo, no tenía. Que nunca tuvo.
Al tardarse la esteliana en conseguir el dinero, recibió otro e-mail con algunas preguntas de rigor: ¿A qué se dedicaba? ¿De cuánto eran sus ingresos? ¿Tenía propiedades, casa, carros, etcétera?
Y cuando Torres contestó que no tenía nada, más que tres hijos pequeños y un divorcio a cuestas, jamás recibió otro mensaje. Luego mandó infinidad de correos electrónicos haciendo más preguntas sobre el tema, pero estos le rebotaban. De la noche a la mañana todo había desaparecido. Hasta sus esperanzas.
Pero, en realidad, había tenido suerte. Mucha suerte. Porque pudo haber perdido mucho más.
Se estima que, a febrero del año pasado, las "estafas 419" (llamadas así por el artículo del código criminal nigeriano que penaliza el fraude) ya le habían costado a los incautos del mundo más de 32 mil millones de dólares.
Y el número de víctimas —y de perpetradores— sólo sigue aumentando.
Una estafa de tradición
La posibilidad de conseguir dinero fácil y rápido ha sido ocupada exitosamente como anzuelo por personas sin escrúpulos desde la noche de los tiempos.
Actualmente una de las variantes cibernéticas más populares de esta turbia industria está fuertemente asociada con Nigeria, donde, desde finales de los ochenta, oscuras propuestas de negocios como la hecha a Rosaura Torres le han estado permitiendo a un número creciente de delincuentes aprovecharse de la necesidad o ambición ajenas.
Los nigerianos no tienen, sin embargo, el monopolio del fraude por Internet. Y la lógica del esquema con el que trataron de estafar a Rosaura es la misma que, a finales del siglo XIX, ya se conocía como "la estafa del prisionero español".
En ese entonces, se pedía apoyo para poder recuperar el dinero perteneciente a un hombre enfermo, prisionero en una cárcel de España. Con la promesa de una comisión, se lograba convencer a los ingenuos de adelantar algo de su propio dinero, ya fuera "para los gastos" o como "garantía" de su honestidad.
En la actualidad, los prisioneros españoles pueden ser ex dictadores nigerianos, grupos terroristas o incluso bandas de narcotraficantes. Y una estafa que en un principio empleaba el correo tradicional, ahora vive su "edad de oro" gracias al correo electrónico y la Internet.

Otros trucos más o menos similares trabajan más bien con el gancho de un premio inesperado, o proponen negocios en principio legítimos que ofrecen además altísimos márgenes de ganancia. Al mismo tiempo, los timadores ya no explotan únicamente la avaricia de sus víctimas: también recurren a sentimientos como el amor y la simpatía.
Los investigadores han identificado algo en común en la mayoría de las estafas: la persona elegida termina creyendo que puede obtener algo de un gran valor (una recompensa financiera o una relación romántica) a cambio de un pequeño desembolso.
En muchos de los timos, el estafador y su víctima se conocen únicamente a través de Internet, y el primero siempre sufre una increíble mala suerte: ha sido atracado, arrestado u hospitalizado y, además, no tiene familia ni amigos a los que acudir.
La forma más fácil de saber si a uno lo están intentando estafar, sin embargo, es mucho más sencilla: ¿Se trata de una propuesta que parece demasiado buena como para ser verdadera? Entonces seguramente no lo es.
Y si no recordás haber participado en ningún concurso, entonces no aceptés ningún premio. O vas a terminar "premiado" de verdad.
Si las estadísticas del Ministerio Público son un buen indicador, los fraudes "419" por Internet no son tan comunes en el país, aunque hay gente que ha estado a punto de caer en la trampa y si no lo ha hecho es posible que se deba a la falta de recursos.
Según información de la Fiscalía, sólo ha habido en los últimos tres años cinco denuncias por ese tipo. Y en ninguno de los casos el timo se llegó a concretar.
Las denuncias más comunes en Nicaragua provienen de personas que han caído en la trampa de pequeños estafadores guatemaltecos que desde las cárceles de ese país hacen llegar por celular mensajes de texto diciéndole a la víctima que se ha ganado un carro y 15 mil dólares y que necesitan que deposite a nombre de x personas 200 o 1,000 dólares para gastos de envío.
Según un fiscal encargado de investigar esos casos, varias personas de Rivas, Matagalpa y Estelí cayeron en manos de los estafadores y mandaron dinero.
"Es probable que muchas otras personas hayan caído en muchas de esas trampas, pero por vergüenza no denuncian los casos", dice el fiscal de la Unidad de Delitos Especiales de la Fiscalía.
1. Damisela en apuros
Un hombre y una mujer se conocen en un website de citas por Internet. En la mayoría de los casos el timador es ella. O, más bien, alguien que juega el papel de ella. Las fotos que envía son por lo general de una modelo. "¿Esa eres tú? Soy el hombre más afortunado del mundo", puede decir la víctima.
Luego de semanas de cortejo la pareja queda en verse, pero poco antes de la cita la bella mujer tiene que viajar a algún lugar lejano por cuestiones de trabajo. Ya en ese país le roban todo, incluso el pasaporte, y también resulta herida. La ingresan a un hospital y comienza el timo. La dama no tiene para pagar la factura del hospital, tampoco puede costearse el hotel.
Sola y desvalida en un país extraño, ella se desahoga con su novio, aunque, en principio, sólo le pide apoyo sentimental: "¿De verdad quieres que te lo cuente? No creo que puedas ayudarme", dice, con astucia, un estafador en uno de los mensajes. La víctima, o el novio, no sólo ofrece apoyo moral, también apoyo financiero y comienza a mandar dinero: 500 dólares para la factura de hotel, otro tanto para el hospital... Mientras la víctima más paga, más promete el estafador: sexo y hasta matrimonio.
2. La herencia inesperada
Un supuesto abogado se contacta con una posible víctima para informarle que ha heredado una sustanciosa fortuna (cercana al millón de dólares) de un pariente muy lejano que ha muerto fuera de su país de origen en un aparatoso accidente. El heredero tiene que pagar 200 dólares para que el dinero le sea transferido, y entre 500 y 1,000 para la factura del letrado. Si la víctima cuestiona algo, el abogado asegura que no le importa si el fallecido es su pariente o no, que él sólo quiere entregar el dinero y cobrar sus honorarios.
3. El empleo de tus sueños
Una empresa extranjera busca trabajadores con un empleo muy bien pagado: 150 mil dólares por seis meses. El posible empleado sólo tiene que cubrir los gastos de visados, permisos y tasas de inmigración. Por todo eso el interesado tiene que pagar un mil 800 dólares. Los estafadores eligen a sus víctimas entre aquellas personas que buscan empleo en portales de Internet, y cambian la oferta laboral según el perfil del desempleado.
4. Fraude en eBay
El timador consigue que la víctima se ponga en su lugar. El estafador compra un objeto en una subasta on line a través de una orden de pago internacional. Sin embargo, paga por él mucho más de lo que el vendedor pedía originalmente. El comprador explica entonces a su vendedor que se ha equivocado y reclama la devolución del dinero. La víctima asegura entonces que entiende perfectamente el problema y devuelve la cantidad. Semanas después, el banco le informa que la orden de pago no es válida, así que el vendedor se queda sin su producto y sin el dinero de la devolución.
5. Lavado de dinero
Apelan a la pura avaricia. Un funcionario corrupto pide ayuda por Internet para lavar dinero sucio (unos 25 millones de dólares) y ofrece jugosas comisiones a quien le ayude. Como él no puede dejar ningún rastro, pide al internauta que pague a los bancos y a los abogados para que realicen los trámites necesarios. Y, de hecho, sigue reclamándole pagos diversos hasta que la víctima se percata de que se trata de un engaño.
Las estafas de las que tienen que cuidarse los nicaragüenses no se dan sólo por la red. Muchas buenas propuestas de negocios o promociones no solicitadas, en apariencia legítimas y conectadas a personas "de carne y hueso" pueden en realidad esconder operaciones criminales.
El más famoso de los casos en Nicaragua es el de la empresa Agave Azul, la que en en el 2005 llegó a recaudar 8.3 millones de dólares de unos 13 mil nicaragüenses, para ser invertidos en lo que se comprobó no era sino un típico "esquema de Ponzi" o esquema piramidal.
El negocio era así: usted le entregaba el dinero a la empresa (no podía ser menos de 130 dólares), supuestamente para que ellos compraran tequila en México que luego sería comercializado en Europa. A cambio recibiría una pequeña ganancia por su inversión. Pero también podía aumentar sus ganancias convenciendo a otras personas para que invirtieran en esa "fabulosa oportunidad". Y todo se convertía en una interminable cadena...
En realidad el dinero no se invertía en nada. La plata de los nuevos clientes se empleaba para pagar intereses a los más antiguos, lo que por un momento generaba la ilusión de legitimidad y atizaba el entusiasmo. Hasta que se rompió la burbuja y la inmensa mayoría de los "inversionistas" se quedó sin nada. Típico de los fraudes piramidales.
A nivel mundial, sin embargo, el más exitoso de esos esquemas fue el del estadounidense Bernard Madoff, quien mantuvo por 20 años un fraudulento fondo de inversiones que se tradujo en un fraude de más de 50 mil millones de dólares cuando fue desenmascarado, en diciembre del 2008.
Las operaciones de Madoff no afectaron sólo a individuos sino a todo tipo de empresas e incluso gobiernos y otras instituciones financieras, contribuyendo a agravar la actual crisis económica global.
Mientras, el último caso de estafa que se ha hecho público en Nicaragua es mucho más modesto y tampoco requirió de Internet. Un supuesto representante de una cooperativa de Estelí que llegó a una tienda de Managua a comprar 24 baterías para carro. Al momento de pagar lo hizo con un cheque certificado. Unos días después le notificaron a la tienda que el cheque no tenía fondos. Del comprador, ni rastro.
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