Parece que el ideal femenino del momento debe llegar grandes implantes y una minuscula tanga. ¿Qué dicen las mujeres -y los hombres- ante las competencias de bikini, y otras estrategias mediáticas entre que apelan a la sensualidad?
Desde atrás se escucha un sonoro ¡quéééééé cuuulooooo! que le sube la testosterona a este puñado de hombres que sostienen sus cámaras encuadrando no la sonrisa de la mujer, sino un par de hermosas piernas y un bikini que sostiene un enorme trasero de mulata colombiana.
Un chavalo, ubicado al pie de la pasarela, no se ha perdido ni una pulgada de las piernas de esa mujer que su cámara captó. Casi tiembla sosteniendo el aparato para tomar fotos entre tanta bulla y emoción, pero aún así aprieta y ¡click! Una foto más de la mujer sin rostro.
El joven de las fotos pagó 40 dólares para ver de cerquita a las modelos. No sé su nombre y tampoco importa, pero está aturdido por la lentitud con que dispara su cámara.
A su lado, unos 20 hombres más con la extenuante tarea de apreciar a las modelos sacan fotos de ellas, preferiblemente del ombligo hacia abajo, pues su torso y cabeza, al parecer, carecen de importancia. Todos dejaron de hacer quién sabe qué con este dinero por ver a cinco hermosas colombianas.

Allá, detrás —entre quienes está el que exaltó el trasero de la mulata— los hombres pagaron 20 dólares. Allí no hay diferencia de clases. Todos viven en el segundo país más pobre de América Latina, pero todos quieren ver modelos en bikini. Y colombianas de preferencia.
—¿A usted cuál le gusta más? —interrogo a mi vecino de la derecha, un señor gordito que se puso alegrón cuando las mujeres salieron y el único que, a juzgar por los demás, podría perder al menos un minuto para responderme.
—¿Cuál le gusta a usted? —responde burlón.
Su respuesta es lógica. En este ir y venir de aromas masculinos donde las clases sociales se entrelazan, el 98 por ciento son hombres. Las mujeres, excepto las cinco colombianas y la novia de aquel flacucho, como que estorbamos.
El señor gordito de la pregunta inquisidora dejó a su esposa enojada en la casa. “Andá ve a las chicas”, le dijo su señora con tono de desdén y de reclamo, me cuenta poniendo cara de enamorador, como queriendo quitarse la curiosidad del porqué estaba yo allí. A lo mejor, imagino que pensó, yo había pagado también para ver nalgas y senos
Poco antes de las 11:00 de la noche, tres horas después de la prevista para iniciar el evento, ya estaba yo bostezando mientras el señor, quien para mayores señas es también moreno, panzón y tiene varios de los dientes centrales adornados con oro, sonreía más de la cuenta y, a falta de colombianas, me tenía como su flanco. Evidentemente, también estaba un poco ebrio.
No era para menos. Según la mesera que atendía nuestra mesa, el licor estaba fluyendo con mayor ligereza que de costumbre y mi vecino llevaba entonces varios vasos que no le estaban costando ni un real, me dijo. “Son pases de cortesía que me los dio el casino y yo estoy aprovechando”, agregó.
Pero el señor de los dientes de oro no es el tema principal de esta historia. Está aquí por ser uno de los asistentes a un evento novedoso en Nicaragua: una pasarela de bikinis.
En este caso llamada Colombia Bikini Open, que fue patrocinada por el diario Hoy, el Canal 10, el Casino Pharaohs y hasta por el Instituto Nicaragüense de Cultura, al que insistentemente solicitamos una entrevista sin obtener respuesta.
Una incógnita
Nadie sabía con exactitud qué era eso que se anunciaba en grandes rótulos de carretera con una foto de una mujer en bikini floreado. Los hombres iban con la clara idea de que allí se verían mujeres en bikinis. Y mujeres hermosas. Colombianas, para mejor descripción.
Las colombianas suelen ser “mujerones”. Algunas retocadas, es cierto, por ser ese país paraíso de la cirugía plástica.
Ya entrada la noche, después de escuchar desde cumbia hasta pop, los hombres empezaron a impacientarse. Nada de modelos. Fue hasta que el animador, un hombre que insistía sin éxito en hacer gritar a los hombres ávidos de ver bikinis, indicó ver las pantallas instaladas en el sitio: estaban proyectando la entrada de las modelos a un improvisado camerino.
“Dejá de hablar, dejá de hablar”, murmuraba mi vecino, el gordito de los dientes de oro, haciendo la mímica con sus manos para callar al pobre animador a quien más de uno odió por retrasar el espectáculo.
Diez para las 11:00. Un repentino despertador encendió a los hombres. Salió la primera colombiana. ¡Sorpresa! Aún no venían con bikinis, sino con unos baby dolls que les dejaban ver sus hilos dentales. Allí sí gritaron. El presentador logró su cometido.
Cuatro veces desfilaron cada una de las mujeres y, aunque la sensación era la modelo Andrea Rincón, la de los rótulos con bikini floreado, las morenas nalgonas causaron más alboroto. A ellas el chavalo del ángulo ya descrito continuaba tomando fotos.
Esta modelo tiene 22 años y una página web donde están colgadas las fotos en las que sale desnuda, algo que le genera mucho rédito porque quienes acceden pagan una membresía.
Quizá Rincón habría tenido mayor aceptación si los presentes hubiesen leído la entrevista que hace dos años dio a la revista colombiana para hombres Soho.
“Me gusta mucho desnudarme para que los hombres se exciten. Me imagino que me ven desde sus computadores, y que les produce placer verme. Nunca pienso en una cara en especial, sino en la idea de muchos hombres mirándome”, dijo cuando el periodista le consultó sobre lo que más le gusta de su trabajo.
Pero ninguna de ellas se desnudó. Yo seguía bostezando mientras aquellos de adelante, degustando de cerca a las modelos, sostenían sus cámaras. Mi vecino bailaba embriagado, ido en colombianas, y otros gritaban por Johana —Johanita la llamaba el animador—, a quien le reclamaban por tener mucha ropa.
Pues bien, Johanita no les hizo caso y en compensación tiró besos a los hombres, entre quienes había altos funcionarios de la empresa privada y del Gobierno. Un grrrrr se escuchó en retribución al gesto de la modelo colombiana.
Después de 35 minutos de mujeres en bikinis, el espectáculo terminó. Hubo opiniones de reproche y de aceptación, desde los que salieron sonrientes después de ver esos cuerpos, hasta los que murmuraban la palabra silicona y otros que enojados comentaban que “esas mujeres se ganaron fácil sus dos mil dólares”.
La pasarela terminó y quedó abierto el debate de la idea predominante de la mujer en la sociedad.
Donald Benavides trabaja haciendo limpieza en una universidad privada y tiene 34 años.
—¿Pagaría por ver mujeres semidesnudas o desnudas?
—No creo que esté mal. Se usa para promover la belleza —responde sin problema.
Al instante razona. Tiene una hija de 17 años y estaría “fregado” si la bailarina fuese su hija.
Pero más allá del machismo del que están impregnadas las palabras de Donald Benavides, los detractores del uso de la mujer critican el refuerzo de los estereotipos creados en un sistema sociocultural patriarcal.
Así lo explica la catedrática Ligia Arana, responsable del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad Centroamericana (UCA).
“El cuerpo de la mujer es expuesto como símbolo sexual y como mercancía, algo que no sucede con los hombres”, explica Arana.
Y para ponerlo en términos más domésticos, lo dice de esta forma: “A todas las mujeres nos han entrenado para responder, para agradar a los hombres y despertar su interés. Es una necesidad humana el tener aceptación y eso no lo podemos negar”.

Arana toma como referencia los espectáculos donde se promueve a las mujeres hermosas: grandes senos, hermosas piernas y nalgas pronunciadas, y desde su lógica de género aplica la ley de la inversión: ¿Se promueve así los arquetipos masculinos?
“Esto tiene que ver también con una discriminación no sólo sexista, sino clasista, porque quienes pueden cumplir con medidas especificas, con determinados tamaños, con ese tipo de modelo, son las que tienen recursos”, agrega.
Pero no sólo las mujeres fuimos criadas en una sociedad repleta de arquetipos. Los hombres también.
“Hay modelos y arquetipos masculinos y muchos hombres se frustran por no cumplirlos. La diferencia está en qué se mandata a hombres y qué a las mujeres y cuál es la valoración. Se estima más lo masculino que lo femenino. Por ejemplo esa fijación (de los hombres) de ser el proveedor principal, de ser fuertes, agresivos, competitivos”, dice la experta.
“Los hombres tienen fijación con el tamaño de su falo, la locura más grande, porque está comprobado que a las mujeres lo que menos nos interesa es el tamaño”, continúa.
El otro lado
Francisco Lezama es escritor de historietas y, aunque en su primera publicación no incluyó mujeres, ve desde una perspectiva inusual el papel de las mujeres, cuya principal atracción es la belleza, basada en los arquetipos de los que habla Arana.
“¿Qué tiene que ver que anden en bikinis? Es un halago a la belleza femenina”, increpa Lezama, de 18 años.
En tono regañón agrega: “Hay gente que todo lo ve desde el punto de vista morboso, aunque sí, (viendo a una mujer desnuda) siempre hay algún pervertido”.
En la edición de junio de la revista mexicana “para hombres” Maxim, escribe al correo un mexicano de cepa, quien saca su más ferviente lado macho.
“… Me gustó que Karla, en la página 68, sale con unas nalgas rosaditas, me recuerda a los macacos, y me excita porque me hace pensar que es una salvaje. ¡Delicioso! Por otra parte, los melones de Mariana Di Arco…”, escribió el hombre, identificado como Ernesto García, a quien los editores de la revista lo saludaron con un “qué onda pinche chango”.
La revista es tan solicitada, que hasta un presidiario les escribe desde Texas. O al menos así se identificó. “Estoy en prisión y llevo 15 meses comprándola (la revista)… Me gustaría que tuvieran a Bárbara Mori”, escribió refiriéndose a la propuesta de modelo para que se desnude.
Los desnudos son trabajos —sostiene el joven escritor de historietas— iguales al de los fisicoculturistas. “Han trabajado toda su vida en eso, igual que los fisicoculturistas”.
3. La cuota de los medios de comunicación
Las imágenes de mujeres desnudas con grandes pechos son acompañadas por la enérgica voz de un locutor que ofrece una singular promoción, pero que antes pregunta “¿ya tenés tus globos del cielo?”.
Más de alguna contesta la pregunta desde su casa mientras ve la tele, y sigue al pie de la letra las indicaciones del locutor: mandar la palabra “globos” a un número de cuatro dígitos.
Su esperanza: ganarse la cirugía de aumento de senos que está rifando el canal.

“Qué bellos, qué bellos son tus senos, los miro y me enveneno”, reza la canción titulada Los globos del cielo, que da vida a esta promoción.
Con la promoción, de Telenica Canal 8, viene la pregunta fulminante de Ligia Arana, responsable del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad Centroamericana (UCA).
“La campaña es sexista, sino, apliquemos la ley de la inversión: ¿habría otra promoción para alargar el tamaño del pene?”.
El gerente general del Canal 8, Álvaro Rocha, tiene su explicación ante la crítica. “La campaña va dirigida al segmento de mujeres que no tienen el poder adquisitivo para hacerse estas cirugías”, expresa.
“Desde el punto de vista psicológico, muchas mujeres sin recursos desearían estas cirugías. Los médicos hablan de que la mujer en su promedio siente que levanta su autoestima cuando tiene ciertos atributos que sólo pueden ser adquiridos con dinero. El Canal 8 es un canal que beneficia a las grandes mayorías, queremos beneficiar a ese segmento de personas”, sostiene Rocha.
En parte su explicación coincide con la de Arana: “Esta es una promoción dirigida a satisfacer las necesidades de los hombres. Los estudios demuestran que las satisfacciones de las mujeres están dirigidas a cumplir expectativas de otras personas; la mujer es un ser para otros y otras, no para sí misma”, dice la especialista.
Lo correcto, sostiene Arana, es que esas cirugías se hagan en busca de una realización personal, pues una mujer no es “más mujer con los senos más grandes”.
Luego de decir esto, critica a los medios de comunicación televisivos en general. “Los escotes son un gancho de atracción en el público masculino y a los varones no se les exige forma de vestir. A todas las mujeres nos han entrenado para responder, para agradar a los hombres y despertar su interés”, dice.
Esta crítica, sostiene la especialista en género, “debería hacer reflexionar” a los dueños de medios de comunicación. “Lo único que les interesa es vender, sacar ganancias. No están cumpliendo con educar, contribuir a una sociedad más equitativa. No están contribuyendo en lo más mínimo, están metidos en la lógica de generación de riquezas”.
Sin embargo, Rocha asegura que con esta promoción ni se han fijado en cuánto ha aumentado su audiencia. “No nos ha interesado medir el rating y el nivel de mensajería no ha sido extraordinario”.
“No es ese el enfoque, no es por generar una controversia en el área de comunicaciones que estamos utilizando una campaña de este tipo”, afirma Rocha, quien agrega que en la segunda fase de esta promoción podrían ampliar a otras áreas de la cirugía estética, como la liposucción o tratamientos de ortodoncia.
“Estamos pensando en beneficiar desde el punto de vista reconstructivo, en una segunda etapa, estamos evaluando cómo nos va (en la primera)”, dijo Rocha.
*Matilde Córdoba, es redactora de política de El Nuevo Diario. Escribió este artículo por comisión de La Brújula
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