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05
nov

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Berlín en la memoria

La Brújula

Este nueve de noviembre se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín. En esta edición te decimos por qué, a pesar del tiempo y la distancia, es algo que te debería importar.

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"Eso no me interesa, porque el Muro de Berlín fue en Alemania, no en Nicaragua".

Quien así se expresa es un cuadro de la Juventud Sandinista que no quiere identificarse, pero a quien sus compañeros llaman Zepeda.

Es parte de un grupo que tiene cerrada la calle frente a la Universidad Centroamericana, en protesta por la visita del embajador de los Estados Unidos en Nicaragua a esa casa de estudios en horas de la mañana. Cuando lo encuentro, ya pasa del mediodía del viernes (30 de octubre), y de la movilización de algunas horas atrás sólo queda un penetrante olor a caucho quemado y un puñado de chavalos; algunos encapuchados, otros armados con lanzamorteros.

Los que se identifican como estudiantes no tienen reparo en hablar. Pero del grupo de militantes de la Juventud Sandinista, que cuchichean entre sí alrededor a una camioneta casi nueva, aún sin placas, lo único que puedo obtener es esa opinión de "Zepeda".

"No. No. No podemos", es la respuesta invariable del resto, tanto si les pregunto sobre el Muro de Berlín o simplemente por sus nombres.

Me miran tan amenazantes, que no me atrevo a decirles que talvez valdría la pena que entraran a darle un vistazo a la exposición itinerante que, para celebrar los veinte años de la caída del Muro, esta semana está visitando la universidad que hace apenas unas horas era el blanco de sus morteros.

El muro en imágenes.

Después de todo, la República Democrática Alemana fue uno de los principales aliados de esa revolución sandinista cuyas conquistas estos chavalos afirman defender.

Y la muestra, pero sobre todo la historia que documenta, encierra valiosas lecciones sobre las dificultades de intentar construir un "paraíso socialista" en la Tierra a la fuerza; sobre los límites de la intimidación como estrategia política; sobre el valor de la libertad.

En la Universidad Centroamericana, por lo menos hoy y a esta hora, la exposición "De la revolución pacífica a la unidad alemana" tampoco parece suscitar mayor interés.
 
Cuando me doy una vuelta por ahí, Enmanuel Velásquez, de 19 años, es el único que le está poniendo atención a alguno de los veinte paneles que conforman la muestra organizada por la Embajada de Alemania en Nicaragua.

La misma, sin embargo, ya tiene más de una semana exhibiéndose en la UCA y más tiempo aún rodando por distintos lugares del país. Y, durante ese tiempo, ha sido visitada por centenares de jóvenes, muchos de los cuales aún no habían nacido el 9 de noviembre de 1989.
 
Ese día cayó el muro que durante 28 años dividió a la capital de Alemania, uno de los símbolos más poderosos de la Guerra Fría. Un acontecimiento que los historiadores no dudan en calificar como uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Así fue el muro y así cayó.


Efectivamente, la caída del Muro de Berlín marcó el principio del derrumbe del bloque socialista que lideraba la hoy desaparecida Unión Soviética. Y el mundo ya no volvería a ser el mismo luego de esa extraordinaria noche de noviembre, de la que Enmanuel está intentando aprender algo más hoy.

"Lo que sé es que Alemania estaba dividida en dos, en Alemania Federal y Alemania comunista. Y una parte de Alemania, la comunista, se estaba muriendo de hambre y querían pasar al otro lado", me explica este estudiante de Economía cuando le pregunto qué sabe sobre el Muro de Berlín.

Aunque la cosa, en realidad, era mucho más complicada.
 
El muro, efectivamente, fue construido por las autoridades de la República Democrática Alemana ―la comunista, en la explicación de Enmanuel― para intentar frenar la ola migratoria que para 1961 había visto a 3.5 millones de sus habitantes (un 20% de su población) cruzar hacia la República Federal.
 
Pero el hambre tenía poco o nada que ver. Los alemanes del Este tenían plenamente garantizada su alimentación, y un sistema de salud y educación que no tenía nada que envidirale a sus vecinos de la RFA.
 
Lo que no abundaba, sin embargo, era libertad. Las necesidades del colectivo eran más importantes que las de los individuos. Y un poderoso y omnipresente aparato estatal, controlado por un partido único, se encargaba de velar que cada cual hiciera su parte.  

Comenzaban a construir el muro
Comenzaban a construir el muro.Foto: Georeferred Pictures/ Flickr/ CC

Un muro antinatural
 
Matthias Dietrich era el embajador de la RDA en Nicaragua al momento de la caída del Muro de Berlín.
 
A veinte años de distancia no tiene reparo en calificar su construcción como algo antinatural, pero insiste en la necesidad de entenderlo en su contexto.   
 
"El Muro no tenía razón, pero sí su explicación", sostiene. Por ejemplo, la necesidad de proteger la inversión educativa de la RDA evitando la fuga de profesionales hacia occidente. O para "garantizar el desarrollo sin la influencia de la otra parte".
 
"Era, sobre todo, parte de la lucha de los diferentes sistemas", explica el ex diplomático, al tiempo que recuerda que la división de Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial no fue una decisión de los propios alemanes.
 
Efectivamente, luego de la capitulación de la Alemania de Hitler, en mayo de 1945, el país fue dividido en cuatro zonas de ocupación militar, para dificultar su resurgimiento como potencia y garantizar el control de los aliados (Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética) sobre su territorio, recursos e instituciones.
 
No sería sino hasta mayo de 1949 cuando los territorios bajo control de los aliados occidentales, ubicados en la parte oeste del país, pasarían a integrar la República Federal Alemana, con la sureña ciudad de Bonn como su capital. Y cinco meses después, en la zona de influencia soviética, nacería la República Democrática Alemana.

 
Berlín, la capital de la nueva RDA, tenía, sin embargo, un estatus especial. A pesar de encontrarse en pleno centro de la nueva república comunista, el control de la ciudad también estaba repartido entre los diferentes aliados. Y esta frontera interna se mantuvo relativamente abierta hasta 1961, convirtiendo así a la ciudad en la principal vía de escape de aquellos que intentaban abandonar Alemania Oriental.  
 
Para evitar esto, el domingo 13 de agosto de 1961 una guardia paramilitar empezó a construir un muro de más de 150 kilómetros de extensión, que luego evolucionaría hasta constituirse en una vasta fortificación conformada por dos barreras de concreto separadas por franjas de control ―o "de la muerte"― y equipada con reflectores, cercas eléctricas, torres de observación, trincheras, búnkeres y guardias armados.
 
A diferencia de otros muros fronterizos, que aún se mantienen de pie en pleno siglo XXI y cuyo objetivo es no permitir entrar, la razón de ser del Muro de Berlín era no dejar salir. Como en una prisión.
 
La edificación pronto pasó a convertirse en el símbolo de una ciudad dividida. De un país dividido. De un mundo partido en dos.
 
Muertos intentando cruzar el muro
 
La construcción del Muro de Berlín permitió reducir significativamente la migración, pero no la detuvo completamente: se estima que en total unas 5 mil personas lograron cruzarlo exitosamente en sus 28 años de existencia.
 
Mucho más emblemático, sin embargo, es el número de personas que murieron en ese mismo intento. Oficialmente hay registrados 136 casos. El último de ellos, en febrero de 1989.
 
¿Cómo justificar aunque sea una de esas muertes? ¿Cómo se llega a una situación en la que para constituir una amenaza para el Estado no hay que conspirar activamente en su contra, sino simplemente querer partir? 
 
En la antigua RDA, el nivel de control e injerencia del Estado socialista en todos los asuntos de la vida cotidiana llegaría de hecho a ser tal que su temible aparato de seguridad, la Stasi, emplearía en su momento a más de 90 mil agentes y una red de unos 300 mil colaboradores.
 
Esto quiere decir que prácticamente uno de cada cincuenta habitantes se encargaba de espiar a vecinos y colegas.  
 
Y, en nombre del bien común, en la Alemania que se llamaba a sí misma democrática, el disenso tampoco estaba permitido. El partido único gobernaba con puño de hierro, vigilando, reglamentando e incluso predeterminando la vida de cada uno de sus ciudadanos.

De la revolución pacífica a la unificación.
 
Un cambio necesario

Para 1989, sin embargo, el sistema ya presentaba obvios signos de desgaste y vientos de cambio soplaban en toda Europa del Este.

 

La economía de la RDA, hasta entonces empleada como ejemplo de las posibilidades del sistema socialista, estaba en crisis, y cada vez dependía más de los créditos occidentales y del petróleo barato facilitado por la URSS. 

 

La realidad de la mayoría de los alemanes del Este no se comparaba favorablemente con la de sus vecinos del Oeste, a la que le podían echar un vistazo gracias a las transmisiones de televisión.

 

Y tampoco con la de los líderes del partido, que disfrutaban de privilegios con los que la mayoría de la población no podía ni soñar.

 

Mientras, a nivel internacional, los procesos de reforma política impulsados por Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética ―basados en la apertura (perestroika) y la transparencia (glasnot)― pronto se tradujeron en un relajamiento del control de Moscú sobre sus antiguos aliados.

 

En ese contexto, todos empezaron a perder poco a poco el miedo. En el verano del 89 numerosos alemanes cruzaron hacia Occidente a través de Hungría, que se rehusó a detenerlos, o buscaron refugio en las embajadas de la RFA en Checoslovaquia y Polonia, que se rehusaron a reprimirlos.

 

Y en la propia RDA los ciudadanos que se atrevían a demandar públicamente cambios en el sistema cada vez eran más numerosos.

 

Las primeras manifestaciones fueron reprimidas por la fuerza, pero aún así continuaron creciendo. Hasta que llegó el día en que los manifestantes simplemente fueron demasiados como para descalificarlos como agentes de Occidente o acallarlos por la fuerza.

 

El 9 de octubre de 1989, la tradicional manifestación de los lunes en la ciudad de Leipzig convocó a unas 70 mil personas, las que no dudaron en marchar frente de las oficinas locales de la temida Stasi, sin que sus agentes se atrevieran a reaccionar.

 

Pronto todo el país empezó a imitarlos. El 4 de noviembre de 1989, fueron medio millón los alemanes que se manifiestaron pacíficamente en Berlín exigiendo un cambio. Y cinco días después, el portavoz del hasta entonces todopoderoso Partido Socialista Unificado anunció, equivocadamente, la inmediata apertura de las fronteras. 

 

A raíz del anuncio, cientos de miles de alemanes de ambos lados de Berlín se dirigieron al Muro. Los guardias, desconcertados ―pues la medida no estaba supuesta a entrar en vigencia sino hasta el 17 de noviembre―, tardan en abrir las puertas. Pero la historia está en marcha y no hay nada que pueda detenerla. No es sólo el Muro, sino todo el sistema socialista el que se está cayendo. Once meses después, Alemania es de nuevo una sola.

 

Con picos y barras

 

 

A veinte años de distancia, del Muro de Berlín hoy no queda prácticamente nada más que el recuerdo y uno que otro fragmento que sirve de atracción turística.

 

"Para tratarse de algo que ocupaba tanto espacio, físicamente pero también en la mente de toda una generación, es impresionante constatar cuan poco queda hoy", escribe el periodista del diario británico The Guardian, Jon Henley.

 

Y es que con la misma eficiencia con la que lo erigieron, las tropas del ejército alemán oriental lo desmontaron completamente en poco menos de un año luego de ese histórico nueve de noviembre.

 

Numerosos ciudadanos, armados de picos y barras, también colaboraron con la tarea, ya fuera por convicción histórica o ideológica, o simplemente por motivos comerciales.

 

Volker Pawlowski, por ejemplo, recuperó unos 300 metros de la odiada construcción y con eso se resolvió la vida.

 

Ahora él abastece el 90 por ciento del creciente mercado de recuerdos. Un auténtico pedazo de historia de la Guerra Fría, del tamaño de un puño, elegantemente montado en acrílico, cuesta 12 euros. Un pedazo más pequeño que sirve de llavero, seis.

 

Para la mayoría, sin embargo, en ese momento de lo que se trataba era de deshacerse de un símbolo odioso, lo más rápidamente posible.

 

"Die Mauer muss weg (el Muro debe irse), era la consigna antes de su caída y también durante los meses que le siguieron. No podíamos deshacernos de él más rápidamente", cuenta en una entrevista con The Guardian el pastor Manfred Fischer, quien oficia en la Iglesia de la Reconciliación, ubicada en pleno centro de Berlín, a unos pasos de donde se erigía el Muro.

 

Fischer, sin embargo, lo lamenta. "Varias veces les rogué que no lo destruyeran todo. Sabía que teníamos que conservar algo, aunque fuera un pedacito. El Muro era un crimen, y tenemos que tener evidencia", explica.

 

"Porque somos muy buenos siendo selectivos con nuestro pasado. Yo lo sé. Yo tenía fuertísimas discusiones con mi padre cuando decía: 'Ach, después de todo Hitler no era tan malo'. Estaba seguro de que un día la gente también diría: 'Ach, la RDA no era tan mala'", se lamenta Fischer.

 

Efectivamente, según las últimas encuestas, el 40 por ciento de los alemanes, y una preocupante proporción de los jóvenes del Este del país, no cree que la vieja RDA mereciera el calificativo de dictadura.

 

Y la Ostalgie ―la nostalgia por el viejo Este (Ost, en alemán)― es un fenómeno cada vez más extendido.

 

El Muro de Berlín ayer y hoy.

 

Parte de esta nostalgia se explica por las dinámicas del proceso de reunificación alemana, los mayores índices de desempleo y los salarios más bajos que aún afectan a lo que era la vieja RDA.

 

Y la actual embajadora de Alemania en Nicaragua, Betina Kern, reconoce que la adaptación de muchos de los ciudadanos de la antigua Alemania Oriental a la nueva realidad fue difícil.

 

"Se disfrutaban las nuevas libertades, pero estas también exigían nuevas responsabilidades y formas de actuar. Ya no existía el Estado paternalista, que regulaba la vida cotidiana. Ahora mucho dependía de la iniciativa de cada individuo, para lo cual naturalmente no estaban preparados", le dijo Kern a La Brújula.

 
La idealización de la antigua RDA también tiene que ver con el silencio con el que padres y maestros enfrentan esa etapa de su historia.
 
"Yo nunca he hablado de esta época en mi clase de Historia, sea por el tiempo o por el miedo a la confrontación", nos dijo desde Dresden Cäcilia Theisinger, de 20 años.
 
Porque, después de todo, enfrentados a la realidad de la represión, son varias las preguntas que la nueva generación puede hacer a la anterior, como ¿qué hiciste vos al respecto?, ¿por qué se dejaron?, ¿cómo pudieron permitir que las cosas llegaran a ese extremo?
 
"A mí lo que no me gusta es ver el mundo en blanco y negro", se queja por su parte el ex embajador Dietrich.
 
"Si hoy vemos por ejemplo la TV, sea cual sea, la existencia de la RDA se reduce al Muro, su construcción y su caída, y no es así".
 
Y no es que el ex diplomático tenga una visión romántica del Estado al que le tocó servir:
 
"Si había una organización que se tenía que dirigir a controlar a su propia gente, significaba que algo no estaba en orden en el país. Que algo no funcionó", concluye, refiriéndose a la Stasi.
 
La importancia de la libertad
 
Este debate le da un significado especial a la conmemoración del 20 aniversario de la caída del Muro.
 
E incluso como nicaragüenses la efeméride debería ponernos a pensar.
 
De regreso en la Avenida Universitaria, Kevin Centeno, un estudiante de Arquitectura de la UNI que es parte del grupo que mantiene cerrada la calle, comparte sus valoraciones.
 
"En realidad yo soy de ideología de izquierda y talvez debería ver la caída del Muro como algo malo, porque significó la caída del comunismo", me dice este chavalo de 20 años, mientras coloca algo de cinta adhesiva en el mango del lanzamorteros con el que de vez en cuando deja constancia de su presencia en esta intersección.
 
"Pero creo que en el fondo fue algo bueno, porque significó dejar atrás ideologías y cosas políticas para unificar a un país", afirma.
 
Yo me sentiría más tranquilo si se refiriera más directamente a la importancia de la libertad. Pero por alguna parte se empieza. Empecemos a platicar. 
 
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Comentarios - 4

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  • 1 | Gabriel Sandino - 11-11-2009 - 14:33:31h
    A Robertito:

    Leí todo el articulo, y no le encuentro lo que en tu “sagacidad” describes, como el descubrimiento de un “nuevo medio derechista”.

    Tu y yo ya nos conocemos en barricado.com.ni, y siempre te he dicho ( y tus escritos o copy paste en su mayoría lo demuestran) que son solo piezas de propaganda a favor del danielismo.

    Por lo menos esta vez hiciste un esfuerzo e hilvanaste una critica.

    El articulo en la parte donde se refiere a la negativa de los miembros de la JS de no dar declaraciones y de notar el poco conocimiento de otro, no le miro el mayor problema, porque no hay doble intención, no hay ningún comentario peyorativo, solamente es una crónica periodística, que sirve de introducción a un tema mucho mas complejo, sobre el cual estoy seguro que no tienes mucho conocimiento.

    Sin embargo tu comentario :

    “es claro que por las condiciones en que se encontraban, no iban a brindar ningún tipo de comentario, sabiendo de donde y de quien se originaban estas preguntas”

    Esto es claramente una acusación que solo tiene fundamento en tu fanatismo hacia el partido de gobierno, donde creen que todo lo que no comulga con uds, es la antitesis de los “valores mas altos que uds representan “.

    Hablas de conocimiento de la historia de Nicaragua, pero yo te he sido claro; no sabes mucho al respecto, todo se reduce a lo que relata la propaganda oficialista o con la que has sido impregnado en tu carrera como militante de la JS.

    No por ser mas viejo que tu, pueda ser que tenga mas conocimiento de esa historia, parte de la cual la experimente personalmente; pero por tener una mentalidad mas abierta, de retar mi conocimiento con todas las variantes que envuelven una verdad.

    Es lastimoso que en círculos universitarios, esta forma de pensar este bloqueada y solamente responda a directrices partidarias.

    Y por ultimo, tu nunca consideraste ?

    Que talvez esos muchachos de la JS no respondieron a las preguntas, porque posiblemente pudieran ser solamente jóvenes de nuestra sociedad que no tienen una educación académica sólida o no la tienen del todo y que son usados simplemente como guerreros en una causa que ellos mismos no entienden, porque muchos son pagados y otros solamente liberan su adrenalina.

    O también desconoces esa realidad ?
  • 2 | Arturo/La Brujula - 10-11-2009 - 17:37:14h
    Estimado Roberto,

    Entiendo de donde viene tu interpretación de lo que según vos serían las intenciones de La Brújula, y me parece que - ya que decís que nos habías estado dando el beneficio de la duda - te merecés algunas explicaciones:

    En la protesta frente a la UCA me encontré y entrevisté a varios chavalos de declarada filiación sandinista, que sí estuvieron dispuestos a opinar. Y con la opinión de uno de ellos cierra la crónica, precisamente para que no quedara la impresión de que entre ellos sólo hay lumpens, ignorantes o algo así. Pero además, ¿habría sido mejor, en tu opinión, entrevistar sólo a chavalos de la "oligarquía"? ¿No hubiera implicado eso más sesgo y manipulación, garantizando una única interpretación sobre el significado de la caída del muro de Berlín? ¿O es que deberíamos publicar nada más las opiniones de los que nos dicen lo que queremos oir, o de los que se ajustan a una versión idealizada de ciertos grupos o categorías predefinidas?

    Yo creo que la respuesta a la última pregunta debe ser no. Y, lamentablemente, lo que me encontré cuando intenté entrevistar a ese grupo particular de chavalos fue lo que describí en el artículo. No es que hallamos ido a buscar esa reacción, para "ponerlos en evidencia". Simplemente queríamos tener la opinión de quienes estaban haciendo uso de su derecho de protesta en las calles (relevante a efectos de un trabajo sobre un régimen que no lo permitía), de los simpatizantes de un partido que mantuvo estrechos lazos con la RDA...

    Si no lo hubiéramos hecho, probablemente también nos estarían acusando de manipulación y sesgo. Y confieso que la pensé mucho antes de empezar la crónica así como empieza (sabiendo que se podía prestar a este tipo de interpretaciones). Pero la actitud de ese grupo me impresionó y me asustó demasiado como para ignorarla. Por que lo que encontré no fue ignorancia, sino violencia, y un rechazo total a la posibilidad de hablar y sobre todo de pensar por su cuenta, de establecer cualquier tipo de diálogo. Y cuando esa es la actitud que prevalece entre los líderes de una protesta pública, hay que preocuparse. Aunque sea en el sentido de reconocer qué todavía hay mucho trabajo de formación pendiente. (¿Y como reconocerlo si no se lo hace evidente?)

    Obviamente, hay que tener cuidado en no generalizar a partir de un caso, pero no creo hacerlo en el artículo. Aunque estoy claro que en el actual contexto nicaragüense, en el que pareciera que sólo se puede estar a favor o en contra de algo, muchos (incluyéndote) terminarán haciéndolo.

    Te invitaría, sin embargo, a no asumir que en el mundo de la prensa nacional sólo hay o sólo puede haber dos cajones (el de La Prensa y el del 19), y que las únicas posiciones políticas posibles son pro o anti. Y seguramente nos equivocaremos muchas veces intentando encontrar nuestro propio camino e intentando estimular una sana capacidad crítica, pero si no nos dejás de leer y no nos dejás de criticar, seguramente nos será más fácil hallarlo.
  • 3 | Roberto Marenco - 10-11-2009 - 16:25:33h
    No sé si felicitar al colectivo de la revista la brújula o lamentarme, por la manera en que se inicio con el articulo del muro de Berlín, y digo felicitar, porque ya se les empieza a ver la cara que tenían oculta en este medio.
    Cuando inicie a leer el artículo relacionado con la caída de muro de Berlin, por un instante creí que estaba leyendo el diario La prensa, y pues, se nota, que los editores y escritores han aprendido o están empezando a aprender, de cómo utilizar o como aprovecharse de las circunstancias para querer demostrar el sentimiento de superioridad hacia los demás, al igual que lo hacen el diario la prensa y en mucho de los casos el Nuevo Diario, y lo digo porque es evidente, ya que cuando quieren saber la opinión de los jóvenes con respecto a un tema, tengo entendido que visitaban universidades o centros públicos para tratar de no sesgar la información, tratar de conocer realmente si los jóvenes o la ciudadanía en general conoce o está informada con respecto a un tema en particular.
    Aunque lamentablemente no estuve en el lugar donde los encargados de entrevistar a los jóvenes, que se encontraban en las afueras de la UCA, es claro que por las condiciones en que se encontraban, no iban a brindar ningún tipo de comentario, sabiendo de donde y de quien se originaban estas preguntas, con esto no quiero justificar la falta de información que posee el joven, con respecto a la historia, y esto no es novedad, a mi me sorprende, ver que jóvenes, al menos, a los que me interesa que conozcan la historia de Nicaragua, y del mundo, los jóvenes de la juventud sandinista, no conozcan o conozcan poco la historia del país, pero bien el compromiso es como el que dijo el comandante Carlos Fonseca, del que sabe tiene que enseñar al que no sabe, y este compromiso entre los mismos jóvenes se tiene que cumplir. Yo aspiro a que los diversos congresos de la juventud propicien la obtención de conocimientos a los jóvenes, y que seamos los mismos jóvenes que estamos comprometidos con el desarrollo de la sociedad, los que garanticemos que de puño en puño vayamos librando al pueblo de la ignorancia, ya que si nosotros los jóvenes comprometidos con la causa de Augusto Sandino, no rompemos estos paradigmas, que han convertido a la sociedad en un elemento fácil del aprovechamiento inoportuno, de personas con intereses propios, y egoístas, no existirá nadie, que pueda ayudarnos a cumplir con los objetivos planteados para el desarrollo de la sociedad.
    Porque qué podemos esperar, de la inmensa mayoría del estudiante de la UCA y de las otras Universidades privadas, cuando su principal preocupación, radica en satisfacer sus necesidades personales, la cual es su derecho y no critico, como por ejemplo, estar preocupados del que no han visitado discotecas en un lapso de días, o tener la preocupación de que ya se les está pasando de moda, el celular de ultima generación, o la vestimenta que usan. Lo que si critico, es que pretendan querer decir, que sus preocupaciones personales, son la que siente la mayoría de la población, tratando de burlarse de las necesidades básicas de los nicaragüenses, como es la salud y educación. En las cuales los jóvenes de la juventud sandinista, apoyan las gestiones del gobierno, para dar respuesta a la necesidad que posee la gente.
    Y cuando pienso que me lamenta, ver ese tipo de instrumento manipulador de la revista la brújula, es porque, tuve la impresión de que este era una revista, que rompiera los esquemas y paradigmas de la sociedad, donde no se trataría de involucrar hacia determinados intereses políticos o económicos. Pero bien, las cosas no son como lo aparentan ser.
  • 4 | Diogenes R - 08-11-2009 - 12:13:51h
    Buen reportaje. Lastima que se haya quedó corto (bien corto) en poner en perspectiva qué fue y como se vivió eso desde Nicaragua. ¿Fue noticia en Barricada (y si lo fue, como fue el tratamiento), La Prensa, El Nuevo Diario y el SSTV? ¿Cuales eran los cálculos "geo-políticos" de la Cancillería nicaragüense? ¿Qué estaba reportando el Embajador Cardenal desde Berlin y como reporto el hecho del 9 de noviembre 1989? ¿Afecto en algo la evolución de los acontecimientos posteriores en Nicaragua? Afortunadamente las fuentes existen...aún.

    También hubiera podido exponer que significaba la RDA para la Nicaragua sandinista. Y como esa relación se coló en la vida cotidiana de esa generación (para bien o para mal): Los camiones IFA (del ejercito y lleno de reclutas) y los buses Robur (en concesión a desmovilizados del servicio militar), los miles de estudiantes que pasaron por sus escuelas y universidades o más cerca aún (y aún visible) el Hospital Carlos Marx en la entonces periferia de la capital. Tampoco se puede olvidar las magnificas lecciones y cursos que impartió la Stassi a la DGSE y la formación de "cuadros partidarios" (muchos de ellos, aplicando desde el actual gobierno las lecciones que aprendieron).

    Lastima que se haya perdido la oportunidad reducir la distancia de permanencia al margen de este hecho histórico. ¿O dará para un segundo articulo? ;-)
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