Desde marzo de 1987 recorre las carreteras de Nicaragua un autobús particular. Se trata de un bus lleno de libros que reparte educación, sueños y esperanzas por igual. Yader Luna pudo ser testigo de su magia y del poder liberador de la lectura, acompañándolo en uno de sus viajes por el Sistema Penitenciario Nacional

Ilustración: Lonnie Ruiz, para La Brújula Semanal
Está soleado y el ambiente, caluroso. Desde uno de los pasillos del Sistema Penitenciario de Granada se escuchan los gritos de los reos. “¡Llega barco!”, repiten.
"¿Y corrieron a la morenita?", me pregunta también a gritos una voz desconocida desde una ventana enrejada.
Ante mi mirada incrédula y silenciosa, repite insistente: “Sí, la muchacha que estaba embarazada”.
Le contesto que no pudo venir. Un atrevimiento de mi parte, porque no sé de quién me habla, pero supongo que es mejor decir algo antes que me siga gritando toda la mañana.
Son las 9:35 a.m. y el calor aquí adentro ya es insoportable. Y eso que el día apenas empieza.
Minutos después descubro que la muchacha morenita tuvo un niño en estos días y por eso no pudo venir a la visita mensual que realiza el Bibliobús Bertolt Brecht a esta cárcel.
Camino y le grito, cual ángel Gabriel, la noticia desde lejos.
La anunciación en versión pinolera.
El Bibliobús a secas. Así lo conocen todos. Al fin y al cabo es el único en Nicaragua.
Nació el 24 de marzo de 1987 a las tres de la tarde. Ni niño ni niña: un bus marca Robur donado por la alemana Elizabeth Zilz, junto a tres mil libros.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Sus primeras visitas fueron a las empresas textiles y otras fábricas. Muchas de las personas que acababan de aprender a leer gracias a la Cruzada Nacional de Alfabetización aprendieron así a disfrutar del placer de la lectura.
Posteriormente se empezó a visitar las cárceles, centros de rehabilitación de los combatientes de guerra y otros lugares públicos.
Era la Nicaragua recién liberada de la dictadura somocista, que atraía la solidaridad internacional.
Y así empezó toda una historia de respaldo a la gente encarcelada y a la niñez de áreas rurales.
Una iniciativa en la que los libros buscan a las personas que viven en entornos de encierro y desolación.
Son la prueba de que la montaña va a Mahoma. Pero Mahoma también se acerca a la montaña. Si no, no hay trueque.
Sus ojos escrutan todos los movimientos. Está dispuesto a apoyar a todas las personas que trabajan para el bibliobús. Y hoy yo soy una de ellas.
"Alfonso"* se arrellana en la banca del bibliobús. Es el primero al que entrevisto. Cuando me lo encontré en las aulas de clases y oí que le decían “profe” supuse por un momento que no era uno de los inquilinos de la cárcel.
Y como tengo nula experiencia en entrevistar a privados de libertad, me avergüenza llegar a irritarlo con la imprudente pregunta de: "¿Por qué estás preso?".
Además, quien está frente a mí puede ser o bien un asesino o un simple ladronzuelo.
Pasados los primeros minutos de incomodidad, sin embargo, empezamos a conversar. Es astuto, rápido de mente. Quizá por eso se ha ganado el respeto entre sus compañeros.
Es, además, todo un personaje. Un gurú de los libros. Fuera de los encargados del bibliobús, él es quien recomienda más libros a los privados de libertad.
Y también quien ha leído más.
Tiene una maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Salamanca, España. Sin duda, es un hombre inteligente.
“No tengo de qué arrepentirme”, asegura insistente. Porque, según él, no cometió el asesinato del que lo acusan.
Se desempeñaba como juez en Managua. No estaba acostumbrado a ser juzgado ni a ser interrogado. Y talvez por eso lo noto incómodo ante mis preguntas.
Su caso fue uno de los más sonados hace siete años. Desde esa fecha está aquí, en la cárcel.
Asesinato a su esposa, con sus dos perros como únicos testigos.
Un caso lleno de misterios y según él un “montaje” para afectarlo.
Inocente o culpable, se encuentra tras las rejas. Esa es su realidad.
Una sonrisa se dibuja en los rostros de los privados de libertad tan pronto llega el bibliobús a los portones del Sistema Penitenciario de Granada.
Lo mismo sucede en los centros de detención de Matagalpa, Chinandega y La Esperanza.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Hay un trato amigable con los guardias de las cárceles. Son una familia.
Por eso muchos me preguntan por la joven morena embarazada.
Los internos salen de sus celdas ordenados en grupos y empiezan a subir al bibliobús en busca de los libros que quieren leer.
Sus lecturas favoritas son novelas, libros de autoayuda, poesía, libros de arte, libros religiosos y de cuentos.
Muchos piden tomos especiales, que se les traerán en la próxima visita.
A través de la lectura pueden volar con su imaginación más allá de la cárcel, que es como una gran caja de fósforos de la que no pueden salir. Solo sus mentes, que se encienden con chispas de alegría gracias a los libros.
Si en la cárcel de Granada el “profe” es todo un personaje por su conocimiento, el mayor conocedor de historias del bibliobús es don Reybil Cuarezma, quien lo conduce desde su fundación.
Viajé con él desde Managua hacia Granada. A las ocho de la mañana partimos desde el 7 Sur, donde pasó llevándome, hasta llegar a nuestro destino.
Una hora y treinta minutos después llegamos al sistema penitenciario de La Gran Sultana, que alberga a unos 832 reos.
Unos galerones pintados de blanco con verjas pequeñas donde se divisan los rostros de los presos.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Don Reybil habla con mucho cariño del bibliobús. Se conoce las historias de muchos presos.
Le pregunto con cierta malicia si le tiene miedo a alguno de ellos, por los delitos que cometieron.
Con su voz ronca contesta rápidamente que no.
“Incluso al principio llevábamos libros donde estaban los guardias somocistas. Todos merecen una oportunidad para cambiar”, asegura.
Es imposible no enamorarse de un proyecto que da esperanza a los que parecen no tenerla. A los olvidados por la sociedad.
La nicaragüense Markgee García y el alemán Hauke Sommer son un ejemplo de ello.
Ambos trabajan en el bibliobús y en la Biblioteca Alemana-Nicaragüense.
Era un jueves, el 24 de abril del 2008. La fecha no la puede olvidar. Ese día, a las once de la mañana, la Policía llegó a la Escuela Amigos del Japón, en Masatepe, para llevárselo detenido.
De figura menuda, vestido de azul y con los ojos mirando al vacío, "Pedro" recuerda.
Estaba dando clases de matemática a sus alumnos de segundo grado, cuando lo llegaron a buscar acusado de violar a los hijos de su cuñada.
“Yo ya iba a irme en mi moto, porque siempre ando en ella”, cuenta.
Habla en presente, como si aún estuviera libre.
Hoy es el encargado de hacer la lista de préstamos de libros para sus compañeros.
Silencioso, taciturno, habla con timidez. Se declara inocente.
¿Creerle o no creerle?
La mayoría de reos te dicen lo mismo. En algunos casos talvez sea verdad. En otros no.
Otro ejemplo es "Julio", de modales refinados y con cutis limpio ―algo extraño en estos lados―, a quien encuentro buscando algo entre los estantes del bibliobús.
Tiene 16 meses de estar aquí. Es costarricense.
“Oe, doctor”, le gritan sus compañeros. Y es que actualmente se desempeña como ayudante en la enfermería del penal.
Su profesión es administrador de empresas y dice que trabajó para varios presidentes costarricenses.
Bien vestido, dentro de lo que cabe, usa unos zapatos Pumas azules que combinan con su indumentaria.
Fue detenido con 14 kilos de droga. Pero también dice que es inocente y que por trasladarle a un conocido algo donde iba “eso” fue que lo detuvieron.
Dice que muchos de sus socios lo defraudaron ahora que está lejos de su país.
Y, como él, muchos presos se quejan de haber sido traicionados por los que están afuera, incluyendo a la familia.
Los acusan de haberse olvidado de ellos.
Por eso, para muchos, los libros son su única compañía.
En este sistema penitenciario hay muchos ticos, por su cercanía con la frontera. Varios de ellos detenidos por tráfico de drogas.
Muchos se declaran inocentes. La mayoría, de hecho. La única que acepta con aplomo su culpabilidad es "Sofía", de 21 años.
La suya quizás puede ser una historia para una novela, como esas que viajan en el bibliobús.
Pero no lo es. Es una trágica realidad: capturada por ingresar con cocaína al país.
"Sofía" es aficionada a leer poesía y dice que se involucró en ese turbio negocio por amor.
Pero al final aprendió que eso de amor no tenía nada.
“Confié en alguien porque estaba enamorada y me dejé llevar”, confiesa.
Hoy se encuentra con la esperanza de salir libre pronto y encontrarse con sus dos hijos.
Que es lo que muchas mujeres más extrañan de la libertad.
"Yo no había nacido aún. Nací cuatro meses después", le digo, y ella sonríe.
Una sonrisa coqueta, acompañada de una mirada traviesa. Elizabeth Zilz tiene los ojos celestes, que a veces miran con picardía y otras con inocencia.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Es la fundadora del bibliobús y llegó a Nicaragua por primera vez en febrero de 1984, con el grupo ecuménico alemán Justicia y Paz, cuando se conmemoraba el cincuentenario de la muerte de Sandino.
Dice que vino por curiosidad, porque se escuchaba mencionar que Nicaragua era un país comunista.
Se estableció en Jalapa, al norte de Nicaragua, donde participó en una cooperativa realizando jornadas agrícolas.
Conoció al poeta Ernesto Cardenal, quien era ministro de Cultura del primer Gobierno sandinista, y le pidió permiso para colaborar con el bibliobús.
Tenía 61 años, era bibliotecaria y acababa de jubilarse. Pero no quería simplemente cobrar su pensión y ponerse a descansar.
Y así empezó esta historia.
"Érase una vez un sueño sin dueño en un gentío alemán y dentro del gentío una mujer... hasta que un día mágico de un instante el sueño embarazó a muchas personas que soñaron el mismo sueño y en lo profundo de un arcoiris de amor la mujer alemana dio vida... al Bibliobús".
Estos son fragmentos de un cuento que hizo don Reybil para Elizabeth, y que fue publicado en un libro sobre la historia de este proyecto.
Y a 23 años de haber iniciado el recorrido del bibliobús por Nicaragua, es imposible no admirar a esta mujer.
Tuve la fortuna de viajar junto a ella rumbo a Granada y conversar con la que probablemente es la mejor bibliotecaria que existe en Nicaragua.
La vi recomendar libros a los presos, bajar una y otra vez del bibliobús y pedir inquieta su tacita de café.
Una taza de café y una cerveza Toña cuando el calor sofoca son dos de los gustos de Elizabeth, me cuentan sus colaboradores.
Así que me acerco y le digo: "¿Qué tal una cervecita?".
"Hoy no", me responde risueña.
Una mujer que a sus 87 años tiene más energías que muchos jóvenes.
A ella no le gusta, sin embargo, hablar de ella misma. No es parte de su personalidad ser jactanciosa.
Pero no duda en señalar que el bibliobús es su legado de vida. Su obra más importante en su paso por el mundo.
Ha recibido múltiples reconocimientos tanto en Nicaragua como en Alemania.
ntre estos se destaca la Orden Independencia Cultural Rubén Darío, que le dio el presidente Daniel Ortega en la conmemoración del 30 aniversario de la insurrección de Monimbó. Entregada en el mismo mes que cumplió 25 años de haber llegado al país por primera vez.
También recibió la Cruz de Honor en Alemania, máxima distinción para las personas que trabajan en pro de los demás.
Galardones que recibe con humildad y a nombre de muchos rostros ocultos que la han ayudado en su labor.
Pero para alguien que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, las glorias personales no son un motivo de existir.
El bibliobús tampoco ha sido la única obra importante de Elizabeth. En 1993 fundó también la Biblioteca Bertolt Brecht, también conocida como Biblioteca Alemana-Nicaragüense (BAN).
Originalmente en el edificio de la Fundación Friedrich Ebert, pasó a ubicarse en el costado noroeste del parque de Linda Vista Norte desde el 2001, cuando la Alcaldía de Managua les donó un local.
Y aunque el bibliobús también llega a varias comunidades rurales de Niquinohomo, Nindirí y Catarina, donde visitan a niños de escuelas y colegios pobres, es en el local de la BAN, en Linda Vista, donde atienden a más niños y jóvenes.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Los dos proyectos son financiados actualmente por Pan y Arte, una organización no gubernamental alemana que promueve proyectos de cultura en Nicaragua.
Cada año buscan donaciones de libros en la Feria Internacional del Libro en Frankfurt, Alemania.
Y en la cárcel de Granada pude ver cómo un libro nuevo hace mucha diferencia.
“Es increíble cómo un libro les puede cambiar la vida a las personas”, me dice también emocionada Tina Reiter, la actual directora de la Biblioteca Alemana-Nicaragüense.
Ella se enamoró del proyecto hace un par de años.
Me explica que quisieran adquirir muchos más libros, pero el presupuesto no siempre les ajusta.
Necesitan mucho más de lo que tienen, para atender a los más de 200 lectores que los visitan diariamente.
Los gastos de ambos proyectos son de aproximadamente 40 mil euros. Además de sus gestiones directas en Alemania reciben también una pequeña ayuda del Gobierno.
Pero hace rato Nicaragua dejó de ser el centro de atención y eso implica menos cooperación y más dificultad para encontrarla.
Una pieza de pollo, arroz, frijoles y ensalada es mi almuerzo. De postre, un trozo de sandía.
La noche anterior a mi visita, una amiga me comentó que la comida carcelaria era pésima.
Pero aunque fuese la peor del mundo estaba dispuesto a probarla.
Debo confesar que me parece sabrosa. Pero estoy claro de que no es lo mismo estar de paso que ser huésped permanente del penal de Granada.
Luego, la voz dulce de Tina me indica que ha llegado la hora de partir de regreso a Managua.
Cuando llegamos al sector de Galerías, mi estación de destino en este aventurero viaje, le doy una mirada al cuenta-kilómetros del bibliobús.
Marca 147 mil 420 kilómetros recorridos desde 1995, cuando fue adquirida la actual unidad.

Cortesía Biblioteca Bertolt Brecht
Pero mientras me despido de todos, por la ventanita del bus veo asomarse de nuevo la mirada traviesa de Elizabeth.
Y sé que todavía les queda mucha historia que recorrer.
* Los nombres de todos los detenidos fueron cambiados por respeto a sus derechos.
- Lo que leen los internos:
Los temas favoritos de los usuarios del bibliobús son:
1. Poesía
2. Autoayuda
3. Sexualidad (son muy solicitados los libros “El Punto G” o el Kamasutra)
4. Arte (Como pintar, grandes artistas como Van Gogh, etc.)
5. Interpretación de sueños (por ejemplo el libro: “10.000 sueños interpretadas”)
6. Derecho (Código Procesal Penal de Nicaragua y otros)
7. Historia (especialmente de Nicaragua o sobre la Segunda Guerra Mundial)
8. Medicina alternativa
9. Literatura infantil (especialmente en la cárcel de mujeres)
10. Deporte (por ejemplo: “Como mejorar mi futbol”)
A nivel de autores, los más buscados son:
1. Paulo Coelho
2. Jorge Bucay (por ejemplo: “El camino de las lagrimas”)
3. Og Mandino (por ejemplo: “El milagro mas grande del mundo”)
4. Anthony de Mello (por ejemplo: “Autoliberación interior”)
5. Rubén Darío
6. Isabel Allende
7. Gabriel Garcia Márquez
8. Wayne Dyer (por ejemplo: “Tus zonas erróneas”)
9. Walter Riso (por ejemplo: “Cuestión de Dignidad”)
10. Carlos Cuauhtémoc Sánchez (por ejemplo: “Contraveneno”)
8,976: los libros prestados por el Bibliobús Bertolt Brecht durante el 2009. Distribuídos así:
*Sistema Penitenciario Granada: 1,232 libros
*Cárcel de Mujeres La Esperanza: 1,489 libros
*Sistema Penitenciario Matagalpa: 1,457 libros
*Sistema Penitenciario Chinandega: 2,044 libros
*Los Pocitos, Niquinohomo: 1,126 libros
*Colegio Alejandro Vega Matus, Nindirí: 1,041 libros.
*Proyecto La Laguna, Catarina (iniciado a finales del año): 171 libros
*Otros (una visita al Colegio Loyola y en Jinotepe al aniversario de Libros para Niños): 416 libros.
- 13 mil obras de escritores nacionales e internacionales. Sin duda la mayor colección en Nicaragua de escritores alemanes.
- Préstamos de libros para llevar a su casa. Se pueden llevar un libro a casa por un período de dos semanas y hay posibilidad de renovación. Esto solo aplica para una selección de literatura mundial. Durante el 2009 se prestaron 45 mil 789 libros.
- Club de lectores que pueden aportar una suscripción anual de diez dólares y tener derecho a préstamos de cualquier libro de la biblioteca.
- Las ediciones diarias de La Prensa y El Nuevo Diario. Y por supuesto, La Brújula Semanal.
- Dirección: Costado Noroeste del Parque de Linda Vista Norte. Teléfono: 2266-7253. Sitio web: www.bibliobus.edu.ni
Sabías que: El primer bibliobús en Nicaragua fue el Simón Bolívar, donado por el Gobierno de Venezuela en 1981. Funcionó hasta 1986 por falta de repuestos. Luego fue vendido y convertido en un puesto de venta de comida rápida en los años noventa.
SE COMENTA
Escrito por 'ccc' sobre 'La bestia de los migrantes'
Escrito por 'Christopher Ramírez' sobre 'Las 12 Películas más esperadas para el 2012'
Escrito por 'carlos luis martinez' sobre 'La Vida de los Otros, una película que retrata a la Stasi'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Iván Cruz Piña' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'Ivan alain castañeda ruiz ' sobre 'Historias de becados: "Estudiar, viajar y crecer"'
Escrito por 'Gerardo Huerta' sobre 'Ser ateo en Nicaragua'
Escrito por 'matias' sobre 'En Argentina el "maradonismo" ya es una religión'
Escrito por 'Jazmín' sobre '¿Amor!'
Escrito por 'Diana' sobre 'Salvando a las tortugas'
Escrito por 'BOSCO' sobre '¿En qué universidad estudiar?'
Escrito por 'Alvaro Matilde' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'Eddy Ferrey ' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'francisco jose garay' sobre 'Minuto a minuto de las elecciones municipales'
Escrito por 'Angela Matilde' sobre '¿Dónde está el trabajo?'
Escrito por 'natalia duarte' sobre '¿Cuánto dura el amor?'
Escrito por 'Mario Garcia Romero' sobre '2009: ¿Año 30 de la Revolución?'
Escrito por 'Roberto Bermudez' sobre '¿Es posible rescatarlas todas?'
Escrito por 'Darling Moreno' sobre 'Salvando a las tortugas'
Escrito por 'Cristopher Wallace' sobre 'Salvando a las tortugas'