
Samuel Gross no recuerda mucho de su infancia. Vivió de pequeño el aislamiento que sufrió su familia antes del levantamiento del Muro de Berlín. Dice que llegó a conocer a un miembro de la temible Stassi -la policía secreta de la RDA- que espiaba a todos sus vecinos.
Dice que sus padres le recuerdan emocionados el día que cayó el Muro. Si recuerda que conoció familiares que estaban del “otro lado”.
Ahora no hay lados, y todo es posible en Berlín. Miles de personas entre escritores, músicos, artistas, jóvenes estudiantes, modelos y profesionales viven la ciudad las 24 horas del día.
En la calle Kyffhäus me encuentro caminando juntos a Luis Roberto Guzmán y a Alejandra Rodríguez.
Luis es estudiante y vino hace dos años de Cuba. Alejandra Moreno es argentina y actualmente trabaja en un restaurante. “Aquí podés salir a la calle con una mierda en la cabeza y nadie te dirá nada”, confiesa ella, que se considera berlinesa de adopción.
“Esto es Berlín”, me dice Luis mientras sube las escaleras de su casa en esta noche alemana. Son las doce de la noche (cuatro de la tarde hora nica) y vienen de una celebración en la zona de Schöneberg, una de las zonas más “cool” de la ciudad.
El escritor alemán Peter Schneider, quien reside en esta ciudad, dice que no hay en Berlín, “un solo paisaje bello en el que la vista pueda pararse a reposar”.
“Los espacios vacíos dejados por las bombas de la guerra y por la división de la ciudad hacen de Berlín una ciudad incompleta en la que echa raíces una manera de vivir excepcional en Alemania, un cierto espíritu entre liberal, bohemio y dejado, que contrasta con la rigidez germana”, escribió hace algunos años.
Curiosamente, esa seña de identidad berlinesa “no ha podido ser alterada por el traslado a Berlín de la clase política o de los estados mayores de las grandes empresas que siguió a la reunificación”, agrega.
La capital de Alemania tiene el único alcalde gay, Klaus Wowereit. Es un personaje sonriente, accesible o al menos esa impresión causa al verlo en la televisión o en las fotografías de los diarios alemanes.
A la vez, existe una civilizada segregación, con muy poca comunicación entre comunidades, que define la convivencia entre berlineses e inmigrantes, sobre todo turcos.
En Alemania viven alrededor de 1 millón 900 mil inmigrantes turcos y en Berlín están radicados casi 125 mil de ellos.
El ex Ministro de Finanzas de Berlín, Thilo Sarrazin, quien dirigió las siempre deficitarias cuentas de la ciudad durante muchos años, dijo en declaraciones a la revista Lettre International que “Berlín no podrá ser salvada por los berlineses”. Sus palabras han causado escándalo por su claridad. Se basa en el hecho de que en Berlín el 20% de la población vive de los subsidios sociales. Es más del doble que el porcentaje general alemán, que ronda el 8% o 10%.
“Quienes sean capaces de hacer cosas o aspiren a hacerlas, bienvenidos; los demás, que se vayan a otra parte”, apuntó.
Casi 21 años después de la caída del muro y 64 después del fin de la guerra que destruyó Berlín, aún no se han rellenado los tremendos agujeros y vacíos dejados por las bombas y la división. En 1990, cuando se hizo el plan de reconstrucción de la capital de la Alemania reunificada, se esperaba una ciudad de más de cinco millones de habitantes, pero Berlín se ha mantenido en 3,4 millones. Eso ha arruinado los presupuestos municipales.
Es una urbe que no tiene nada que envidiar a cualquier capital europea, aunque más pacífica. Tiene que vivir del subsidio del Estado y del turismo. Así se entiende que el alcalde Wowereit diga que Berlín es “pobre pero sexy”.
Su industria ha menguado y por eso la ciudad ha explotado su sector de servicios, convirtiendo con gran éxito la memoria del muro, de la guerra y del nazismo en su menú turístico.
En bicicleta por Berlín (Mit dem Rad durch Berlin)


Uno de los primeros barrios que hay que recorrer en bicicleta es Mitte. Allí está la Isla de los Museos, declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco. Ubicado cerca del caudaloso Río Spree, donde se encuentran cinco importantes museos berlineses. El Alte Museum, Neue Museum, Alte Nationalgalerie, Bodemuseum y el Pergamonmuseum.
Cerca de allí la famosa plaza de Alexanderplatz y su emblemática torre de televisión. Los nombres de las calles son una complicación con la pronunciación, pero con mapa en mano uno no se pierde. Además, siempre hay un berlinés amable dispuesto a ayudarte. Nombres de calles como Karl Marx o Rosa Luxemburgo son los más fáciles de pronunciar.

Más allá está la Friedrichstraße, una calle comercial en el centro de Berlín. Sigo pedaleando hasta llegar a la Puerta de Branderburgo. Cerca de este lugar está el Monumento del Holocausto, diseñado por el arquitecto Peter Eisenman. Se trata de un campo de 1,900 metros cuadrados, cubierto por un laberinto de 2, 711 losas de concreto.

Al lado oeste, se encuentra el Reichstag o sede de la Cámara Baja del Parlamento alemán, donde días antes había subido a su cúpula, es otra de las atracciones turísticas de la ciudad. Desde arriba se lee la inscripción “Dem deutschen Volke” (Para el Pueblo Alemán), sembrado en el patio con tierra de todas las ciudades de Alemania.
Y siguiendo más allá, está la Großer Stern o Estrella Grande en la plaza central del Tiergarten. Fue construida bajo el régimen del barón Frederico III. En el centro de la plaza se encuentra la Siegessäule, el famoso Monumento a la Victoria con la Goldelse encima. El ángel de oro que sostiene una corona de laurel en las manos es uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Puede verlo en la clásica película “Las Alas del Deseo”, del director Wim Wenders. Aquí se realiza una de las fiestas más grandes del mundo: La Love Parade.
Una parada obligatoria en el camino es la visita a los famosos “biergarden” o jardines de cerveza, lugares donde la gente se reúne a tomar cerveza.
Seguí mi recorrido, pasando por el conocido Sony Center, donde se abrazan siete edificios que en la noche se iluminan con un techo de telas multicolores. Amantes del cine vienen a la vecina Potsdamer Platz, cuando se celebra el Festival de cine “Berlinale”.
Cansado de pedalear, me voy a comer un DönerKebab (comida turca popular en Alemania). Esta ciudad cosmopolita contiene muchos pueblos pequeños.
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